Los estereotipos en el cine son tan habituales como los finales anunciados. Entre los actores de primera línea, la confección de un estereotipo es la mejor garantía de continuidad laboral. Porque además de alcanzar una rápida identificación con el público, en la repetición de un mismo papel encuentran la credibilidad. Por esfuerzo propio o mera casualidad, hay figuras que luego de cumplir una actuación consagratoria quedan encasilladas en un determinado rol. Y con el tiempo, nombre y personaje terminar por ser lo mismo. A continuación, siete casos de celebridades que encontraron su alter ego perfecto.
EL GRUÑON
Siempre con el ceño fruncido y la mirada chiquita. Su carrera está compuesta de tres etapas bien definidas. En sus comienzos, como el vaquero (Por un puñado de dólares – 1964). A principio de los setenta se vistió de policía implacable (Harry el sucio – 1971) y en su vejez, adoptó la piel del antisociable por excelencia (Crimen verdadero – 1999). Lo curioso es que en su honroso historial de 48 filmes, no figura una sola comedia romántica.
LA MACHONA
Su apariencia dulce y maternal esconde una alta dosis hormonal. La mínima provocación la convierte en una cazadora tenaz que no se permite la misericordia o la deserción. Al igual que Angelina Jolie, en todas sus películas aparece empuñando un arma. Pero, mientras la Jolie perfuma la acción con un toque de sensualidad, Jodie adopta una actitud más talibán y evita cualquier síntoma de cariño con su acompañante masculino.
EL VALIENTE
El mundo necesita un defensor. Un ser de carne y hueso que esté dispuesto a cualquier sacrificio por la humanidad. Y Willis recogió la capa del paladín justiciero en el set de Duro de matar (1988). El oficial John McClane es una suerte de Martín Karadagian con musculosa: no importa contra quien se mida, siempre va a salir victorioso. Esto lo saben perfectamente los maníacos, terroristas, saboteadores y demás villanos que caen bajo su puño en cada filme de acción.
DESPREJUICIADA
Es raro ver a la Winslet haciendo de un ama de casa obediente y cumplidora. Si no aparece exhibiendo con orgullo la melena de sus sobacos (Humo sagrado – 1999), está mostrando los pechos en películas familiares (Titanic – 1997) o cumpliendo el papel de una mujer inmadura (Secretos íntimos 2006), cuando no le toca hacer de cortesana licenciosa (Letras prohibidas: la leyenda del Marqués de Sade - 2000). ¿Será para justificar su exceso de equipaje o el miedo al cuchillo?
LA AUTORIDAD
Con su aire campechano y el gorro de sheriff como una extensión del cráneo, este parco texano es la encarnación de la ley en la película que aparezca. Tan reservado como desconfiado, si su intuición se lo dicta, está siempre dispuesto a darle una segunda chance a su presa. Y cuando las circunstancias lo requieren, puede convertirse en un perseguidor despiadado que, en el lugar menos pensado, encuentra la pista para continuar con la investigación. En Sin lugar para los débiles (2007), encontró su mejor versión.
CHICA VICTORIANA
Con esa trompa en pucherito y una expresión de budín casero, Keira Knightley debe ser la actriz que más veces se montó a la máquina del tiempo. En menos de seis años logró sumar media docena de filmes de estilo renacentista. Desde Piratas del Caribe: la maldición del perla negra (2003), Rey Arturo (2004), Orgullo y prejuicio (2005), Expiación, deseo y pecado (2007), Seda (2007), La duquesa (2008). Que alguien le pida el boleto.
EL NEUROTICO
Con el psicoanálisis como principal arma de desconstrucción, el actor, director y guionista pasó por todas las patologías descriptas por Lacan y Freud en sus textos. Desde el maníaco compulsivo (Todo lo que usted quiso saber sobre el sexo y no se animó a preguntar – 1972), el pedófilo (Manhattan – 1979), el trastorno de identidad disociativo (Zeling – 1983), el edipo (Historia de New York - 1989) y el depresivo (Crímenes y pecados 1989) por mencionar algunas.
CADA CUAL A SU ROL
BANDERA PLANCHADITA, PLANCHADITA
Antecedentes. Una de las especialidades del director Paul Haggis es dirigir o escribir guiones para películas que se suponen transgresoras pero que en realidad sólo escandalizan al público norteamericano. Todo un clásico a la hora de las nominaciones, ganó una estatuilla por Crash (2004) y llevó los textos de Million Dollar Baby (2004) más los bodrios patrióticos de Flags of Our Fathers (2006) y Letters From Iwo Jima (2006), estas tres últimas a las órdenes del fosilizado Clint Eastwood.El caso de In the valley of Elah vuelve con los rollos militares de “la mea culpa”. Esta vez la sociedad se golpea el pecho por la guerra de Irak.
TITULO: La conspiración (en Argentina)
ORIGINAL: In the valley of Elah
ESTRENO: 6 de marzo (en Argentina)
ORIGEN: Estados Unidos
AÑO: 2007
DURACION: 120 minutos
DIRECTOR: Paul Haggis
REPARTO: Tommy Lee Jones (Hank Deerfield), Charlize Theron (detective Emily Sanders), Frances Fisher (Evie), Susan Sarandon (Joan Deerfield), James Franco (sargento Dan Carnelli), Jonathan Tucker (Mike Deerfield), Jason Patric (teniente Kirklander), Josh Brolin (Buchwald), Wes Chatham (cabo Penning), Jake McLaughlin (Gordon Bonner), Mehcad Brooks (Ennis Long).
GUIÓN: Paul Haggis
WEB OFICIAL: www.inthevalleyofelah.co.uk
De qué va. El señor Hank (Tommy Lee Jones) es un veterano de guerra con pasta de investigador, que indaga la desaparición de su hijo Mike, soldado que volvió de Irak y que inexplicablemente nadie sabe donde se metió. Con la ayuda de la detective Sanders (Charlize Theron) y el apoyo de su esposa (Susan Sarandon), irá recolectando pistas hasta desenmarañar el ovillo que plantea la trama.
Al hueso. Desde que estalló la Segunda Guerra Mundial, hasta Vietnam, pasando por todas las incursiones armadas de los marines en los últimos veinte años, se hicieron miles de películas sobre el papel de policía mundial (como lo describe Michael Hardt & Antonio Negri en Imperio) que desempeña los Estados Unidos. Que lo de Irak es una vergüenza injustificada y que George W. Bush es un atorrante, no hace falta ver In the valley of Elah para darse cuenta. Aunque parece que muchos demócratas y republicanos se avisparon de esta verdad a gritos gracias a la astucia de Paul Haggis, que siempre está parado justo donde cae la pelota.
En definitiva. Una dirección técnica impecable, un elenco de lujo, más la prolijidad suprema puesta en cada detalle, no alcanzan para apuntalar un filme que por momentos corre, en otros va al trote pero también se tropieza y cae. Una película correcta, que equivocó de pedal: cuando tenía que pisar el acelerador apretó el freno. Y todos se durmieron.
Score: 5/10