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LISTA CANTADA

Siguiendo la metodología de Rob Gordon, aquel memorable personaje de High Fidelity que no paraba de confeccionar listas de todo lo que se le cruzaba por la mente, vamos a iniciar nuestra sección de preferencias. Vale señalar, para aquellos que vieron el filme de Stephen Frears y se lanzaron al libro de Nick Horby (o viceversa) que una vez más, la adaptación cinematográfica superó a la historia original del papel. O como debió reconocer Obi-Wan Kenobi, el alumno terminó por aventajar a su maestro. Sin demasiadas consideraciones y con una desfachatez que apenas avergüenza vamos a seleccionar las 10 canciones más representativas de la música nacional. Para la elección, se tuvo en cuenta la calidad del intérprete. Acá están, estas son:

1 Alfonsina y el mar
De: Ariel Ramirez y Félix Luna. Interpretada por: Mercedes Sosa.

2 Naranjo en Flor
De: Homero Aldo Expósito (letra) y Virgilio Hugo Expósito (música).
Interpretada por Roberto Goyeneche.


3 El fantasma de Canterville
De: Charly García. Interpretada: Porsuigieco.

4 Luna tucumana
De: Atahualpa Yupanqui. Interpretada: Atahualpa Yupanqui.

5 Todas las hojas son del viento
De: Luis Alberto Spinetta. Interpretada: Pescado Rabioso.

6 Por una cabeza
De: Alfredo Le Pera y Carlos Gardel. Interpretada: Carlos Gardel.

7 Superlógico
De: Carlos Indio Solari y Skay Beilinson. Interpretada: Patricio Rey y los
redonditos de Ricota.


8 No me arrepiento de este amor
De: Miriam Alejandra Bianchi. Interpretada: Gilda.

9 Carta de un león a otro

De: Chico Novarro. Interpretada: Juan Carlos Baglietto.

10 Noches en los jardines de España
De: Manuel de Falla. Interpretada: Martha Argerich - Daniel Barenboim.

¿Cuál estaría faltando?

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ORGULLO NACIONAL

El Zorzal, fileteado

Carlos Gardel, fallecido hace 73 años en un accidente aéreo en Medellín, Colombia, fue un cantante y compositor naturalizado argentino, considerado como el tanguero más representativo de la milonga porteña. Hasta estas líneas, todas las versiones parecen coincidir. Pero si uno empieza a indagar en su biografía, encontrará que dos naciones vecinas se arrogan el origen del mito. Los uruguayos afirman que nació en Tacuarembó (390 Km al norte de Montevideo), mientras que galos y argentinos sostienen que es oriundo de la ciudad francesa de Toulouse y que su verdadero nombre es Charles Romuald Gardes. ¿Puede haber dos razones para una sola verdad?

La justicia dirá: “A confesión de partes, relevo de pruebas”. Así que en ambas orillas agitaron el papeleo burocrático como lanzas de campaña. En el testamento que el “Morocho del Abasto” realizó en 1933, dice haber nacido en Toulouse y ser hijo de Berta Gardes, una planchadora que llegó al país a los 25 años. Sin embargo, investigadores uruguayos sostienen que Gardel fue hijo de Carlos Escayola, un terrateniente de ese país, quien en realidad, entregó el niño a Berta, una mesera sentimental, para su crianza.

Más allá de estas disputas que no lograron aportar ningún elemento decoroso, para estas tierras la figura de Gardel está asociada a la palabra tangorioplatenses el tema pasó a ser
cuestión de estado. Así, para demostrar cuánto se lo aprecia, en Uruguay se fijó la fecha de su muerte como el “día del cantor” y se imprimieron sellos postales celebrando su lugar de su nacimiento. En la argentina, donde a Carlos Gardel se lo considera el emblema de la música porteña, no fue hasta 2006 que el gobierno decretó que la tumba del Zorzal, junto con la de su madre, alojados en el cementerio de la Chacarita, sea considerado un sepulcro histórico.

Tres verdades tres. Primer dato axiomático: Gardel no nació en la Argentina. Segundo: que la tal Berta desempeñó el papel de madre. Tercer dato consensuado: que Gardel era un ídolo indiscutido. ¿Se necesita algo más?
El resto, es un mito que escapa a cualquier exactitud. Y antes de pelear por algo que no tiene reparación, recordar aquel fraseo del “El Jilguero de Balvanera” cuando trina: Por una cabeza de un noble potrillo/que justo en la raya afloja al llegar/y que al regresar parece decir: No olvides, hermano, vos sabés que no hay que jugar...

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