CON ACENTO FRANCES

Será porque resulta simpático echarle la culpa de todo a la modernidad o porque el inglés se convirtió en un referente lingüístico, que la chanson francesa fue perdiendo parte de su pelaje. Una de sus exponentes contemporáneas es la áspera Camille, que acaba de grabar un nuevo disco íntegramente en inglés. Pero si la globalización te quita, algo a cambio también te da. La influencia del género se hace sentir en otras artistas, como Adele, la joven promesa del Reino Unido, o la recuperada Madita, que desde Austria dispara con Too.

Pero volviendo a Camille, quien cobró notoriedad por ser una de las integrantes del groupe Nouvelle Vague, que tapa del disco de Camillese dedica a desempolvar versiones ajenas para agregarles un toque francés. Pero cuando está sola, la enigmática Camille Dalmais logra colar una tajada de sol en un día de lluvia y con su vanidad, ventilar la transpiración del verano. Y si hasta aquí no hizo más que llenar al mundo con promesas que nunca se concretaban, en Music Hole (2008) su tercer trabajo en estudio (hay un cuarto en vivo) logra definir su identidad musical y dejar de lado esa tibieza de exegeta que mostró en sus discos anteriores. A mitad de camino entre lo experimental, la canción naïf y la electrónica, la cantante ofrece una combinación de sabores intensos.

Como para cautivar al oyente más reacio, el disco arranca con la soltura de Gospel With No Lord, una pequeña muestras de lo que vendrá y sin dejar que la melodía se atragante, salta a la bossa nova de Canards SAuvages. Pero al experimentar cierta comodidad y pretender anticipar las intenciones musicales del intérprete, en The Monk, Camille mete el primer cambio de marcha, donde incursiona en la opera clásica y paso siguiente, en Money Note, desorienta con un mantra bursátil. Acaso la mejor combinación de tonalidades se logre en Katie's Tea, un track con un final de película. Un disco para escuchar sin ser visto, una sinfonía para ver sin ser escuchado.

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