RESISTIRE

obra sobre la represión policial

Hay historias que por la honestidad de su desdicha, merecen escaparse del olvido. Este es el caso del escritor uruguayo y ex dirigente tupamaro Mauricio Rosencof, quien pasó 13 años (1972-1985) de su vida en una prisión. Aunque el reconocimiento de la industria cinematográfica se filtró por el hueco más delgado. Las cartas no llegaron es un libro publicado en 2004, donde el narrador imagina un intercambio de correspondencia con sus antepasados polacos. Esta historia será convertida al celuloide por el director italiano Giuseppe Ferrara, el mismo de la recordada El caso Moro (1986).

El “ruso” Rosencof fue uno de los nueve dirigentes tupamaros conocidos como "los rehenes", que pasó varios años enterrado en un pozo de 2 por 1, incomunicado y sin agua. Los padecimientos de este militante del Movimiento de Liberación Nacional fueron relatados en los tres tomos de "Memorias del calabozo" (1988-1989), escritos en colaboración con Eleuterio Fernández Huidobro.

Una de sus piezas más populares es La Margarita, que tuvo una dehojando la margaritaconcepción de lo más curioso. En uno de los tantos días de cautiverio un guardia le pregunta a Rosencof si él era escritor. Ante el gesto afirmativo del recluso, el uniformado transmite “el sargento ordena que le escriba una carta a su novia”. Este favor inesperado fue recompensado por el militar con víveres, cigarrillos y otros beneficios. El propio Rosencof reseña que ya tenía aquellos versos en mente “cuando un soldado me dejó la parte de adentro de una birome, la escribí en hojillas de fumar y la metí en el dobladillo de la ropa que mandaban a lavar a casa cada mes y medio. Así salió La Margarita”.


Esta historia tierna que pudo suceder en cualquier arrabal montevideano, tiene como protagonista a una chica humilde llamada Margarita. Acaso haya sido Jaime Roos, quien al musicalizar los poemas de Rosencof en 1994, les entregó carácter inmoral a sus estrofas. A continuación, la letra de Golondrinas, uno de los temas de La Margarita que mejor reflejan una época de ideologías y sentimientos auténticos:

Al salir del Metropol,
íbamos a un bar,
para hablar como mayores,
del futuro..

Era un tema manso, sin apuros
y el futuro, enorme, a qué apurar,
a qué apurar?

Allí, dichosos, nos dejábamos estar,
todo era diáfano, fácil, seguro,
cuando en su universo,
poético y puro, llegaba el mozo,
qué van a tomar?
y qué van a tomar?

Entonces lo mirábamos de medio lado,
con el desdén de los soñadores,
y con el yunte, apenas murmurado,
ella volvía a colgar cortinas de colores ,
y en la pared de un patio sombreado ,

golondrinas de yeso y otros primores...

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